La víctima es un adolescente. Tras ser detenido en Freyre y Mendoza habría sido golpeado en la seccional 4ta. Finalmente fue liberado en Angel Gallardo. Investiga División Judicial de la URI
Liliana Noemí Duarte (33) denunció un grave hecho de abuso policial en perjuicio de su hijo, un adolescente de 15 años.
La mujer refirió que todo ocurrió durante la noche del sábado, más precisamente poco después de medianoche cuando su hijo Roberto Ariel (15), caminaba junto a dos amigas por Avenida Freyre y Mendoza. Es de hacer notar que en dicha intersección se encontraba estacionada una camioneta policial.
En momentos que los jóvenes pasaban frente a la patrulla se produjo un intercambio de palabras con los uniformados, lo que habría oficiado como disparador del incidente.
Lo cierto es que los agentes decidieron interceptar y detener al jovencito, hecho que se produjo en las inmediaciones de Freyre y Mendoza.
Siempre de acuerdo al relato de la denunciante, a partir de entonces el chico es llevado a dependencias de la seccional 4ta donde comenzó la pesadilla. Fue esposado a las rejas de un calabozo y sometido a una serie de agresiones físicas y verbales.
Pasado un buen rato uno de los agentes habría preguntado “¿vos cuántos años tenés?” y ante la respuesta del joven se habría escuchado “¡Uy qué hicimos!”
La madre del adolescente agregó que luego el chico fue encapuchado con su propia campera y vuelto a subir a la camioneta policial. Tras un largo trayecto sin ningún tipo de explicación, fue liberado en jurisdicción de Angel Gallardo.
Ya en dicho lugar -un campo cercano a la ruta- el menor pidió por la devolución de sus zapatillas. Sin embargo recibió como respuesta una orden macabra: “vos empezá a correr antes que te matemos”. Fue entonces cuando el jovencito escuchó varias detonaciones, pero ningún proyectil alcanzó su cuerpo.
Todo hubo de culminar cuando el involucrado advirtió que el vehículo policial se retiró del lugar a toda velocidad. Aturdido por la circunstancia el joven llegó hasta un casa con la idea de pedir auxilio. Sin embargo dicho trámite no llegó a feliz término por cuanto no lo atendieron.
Entonces volvió sobre sus pasos y llegó hasta la ruta donde se cruzó con un hombre a quien le solicitó ayuda.
Fue este ocasional transeúnte el que le facilitó su teléfono celular, con el que se comunicó con su familia.
Una vez que el menor narró lo sucedido Lilliana acudió a la subcomisaría 2da. donde denunció el hecho. Acto seguido repitió dicho trámite en la División Judicial de la Unidad Regional I y en la secretaría de Derechos Humanos.
Por último la mujer relató que siente temor ante la posibilidad de sufrir algún tipo de represalias, pero que ello no la achica en su búsqueda de justicia. “Esto que pasó es muy grave -dijo-. No se pueden cometer estos atropellos. Llevar detenidos por portación de cara, de apellido, no sé. Incluso si existió algún problema, nada justifica este proceder”, sentenció.
Fuente SFA

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