Esta mañana declaró como testigo el ex chofer de Juan Calixto Perizzoti, ex jefe de Oficina de Operaciones que el Ejército había montado en la Guardia de Infantería Reforzada. Eduardo Córdoba recordó (o quiso recordar) poco y nada. Lo que a priori puede ser un bluf, puede transformarse en un boomerang para el ex chofer si se comprueba que falseó su relato, omitió datos o mintió deliberadamente. Por lo pronto, el Tribunal Oral resolvió citarlo a la inspección en la GIR para el próximo miércoles a las 10 de la mañana, por pedido de un abogado de las querellas.


Córdoba fue sometido a decenas de preguntas de todas las partes, y privilegió el “no recuerdo” o “no sabía”, como respuestas. El ex policía contó que entró a la fuerza en 1975 y cuatro años después renunció porque “no le gustaba lo que estaba pasando”. Era uno de los choferes de los que disponía Perizzoti, además de Alberto Localito y una tal Poli. El testigo, que ayer fue identificado en su casa de calle Aguado en el barrio de Santa Rosa de Lima, compareció un día después del pedido de la Fiscalía, que pidió su presencia por la permanente referencia que de él hacían las víctimas que estuvieron detenidas en “La Casita” y también en la GIR.



Córdoba, alias “el flaco” o “camello”, dijo que mientras estuvo de chofer de Perizzoti manejó un Falcón de color gris. Reconoció que trasladó detenidos desde y hacia la Seccional Cuarta durante la última dictadura militar. “No recuerdo haber llevado a nadie con problemas físicos o golpeados, tampoco fui nunca a ninguna casa de campo, como me preguntó una vez una chica que había estado detenida en la GIR”, señaló.

-¿Hizo traslados nocturnos?, se interesó la Fiscalía.

- No.

-¿Trasladó a algunas de las detenidas a la Guardia del Hospital Cullen?

- No, todas esas constancias del movimientos de las guardias debe constar en el libro de actas de de la GIR.

- ¿Por qué se fue de la fuerza?

- No me gustaban algunas cosas, Perizzoti me pidió que me quedara, que tomara licencia. Me fui. Después trabaje como seguridad en varios lugares, hasta que terminé en (la empresa de construcción de edificios) Pilay.

Córdoba reconoció que tuvo que declarar ante la justicia rosarina por un traslado. “Pero fue un error, yo ya o estaba cuando ese detenido fue trasladado” dijo.

"Perizzoti me llamó varias veces cuando ya estaba preso en (el cuartel) de Bomberos en Santa Fe (por disposición del juez Reinaldo Rodríguez, Perizzoti recibió el beneficio de la prisión domiciliaria en su casa de Pasaje Iturri, en el barrio de Guadalupe). Fueron dos o tres veces, yo no quería ir a verlo, primero porque no estaba bien que un detenido hable desde el lugar de detención y porque yo no tenía interés en hablar con él. Como no quería que siga insistiendo en llamar a mi casa y hablar con mi mujer o mis dos hijas, fui hasta el juzgado federal de Santa Fe y dejé una constancia de lo que estaba pasando. Esto fue el año pasado o el anteaño” recordó. Pero para entonces, ajustado a ese lapso, el ex jefe de la GIR ya estaba detenido en su casa. “No tenía tiempo para ir a hablar con él, no quería tampoco saber qué hizo, nada de nada, por eso dejé esa constancia” agregó.



-¿Usted conoce al hijo de Perizzoti?, preguntó el Fiscal.

- Sí, lo conozco, trabaja en la Policía, frente a la Jefatura, en el D4, creo. Le dije una vez en la calle que el padre me había llamado y que no quería hablar con él y que por eso dejé una constancia en le juzgado. Me dijo que ya lo sabía.

- ¿Pero por qué no quería hablar con Perizzoti?

- Porque la última vez me sentí presionado por él. Sentí que por la forma de hablar me estaba apretando. No me gusta eso. Tampoco a nadie le gusta que la mala junta llame a la casa de uno y viole la intimidad.

- Usted señaló que fue guardia de la GIR y que era también chofer ¿Alguna de las detenidas le pidió ayuda alguna vez?

- Mientras trabajé en la GIR nunca nadie me pidió ayuda. Hay que aclarar que el Área 212 tenía una estructura propia dentro de la GIR. Guardia de tres personas que hacíamos 24 (horas) por 48.

- ¿Supo en ese entonces lo que había pasado con (el ex intendente de la ciudad de Santa Fe) Adán (Noé) Campagnolo?, se le preguntó.

- Por comentarios, algo feo, se decía.

- ¿Sintió hablar alguna vez del policía Juan Rafael Loréfice?, insistió el abogado Horacio Coutaz

- Lo sentí nombrar.

La historia que vincula a Campagnolo con Lorefice se remonta a los años duros de la GIR, donde el ex intendente peronista fue salvajemente torturado. Lorefice (a quien apodaban “Lamparita”) le dijo al juez Reinaldo Rodriguez en abril de 2003, en su testimonial durante la instrucción del juicio que hoy se debate, que “quiero hacer notar que una noche ingresé a una de las dependencias de la Guardia de Infantería y lo ví, porque lo conocía, al Sr. Dunda, que creo era presidente de la Cámara de Diputados, esto fue en el año 1976 (…) tenía la cara totalmente ensangrentada, con moretones, estaba desfigurado, yo solamente miré. Luego me enteré en una conversación informal en el comedor de la Guardia de Infantería que al Sr. Adan Noe Campagnolo, ex intendente de la ciudad de Santa Fe, le habían introducido un objeto contundente en el ano”.

El ex subcomisario (fallecido en 2007 luego de sufrir un aneurisma) narró que diez días después se lo encontró a Campagnolo en el baño. “Estaba dolorido y le pregunté qué le pasaba y me dijo ‘qué, me vas a joder, más de lo que me hicieron’”. Y le contó sobre los tormentos sufridos. Lorefice le ofreció ayuda y Campagnolo confió en él. El (entonces) policía se comprometió con el detenido, que le pidió que ubique al hermano. “Decile que venga urgente, que me estoy muriendo en vida”, le dijo el ex intendente. Efectivamente, según el relato aportado a la causa, el hermano del torturado logró trasladar a la víctima al Hospital Cullen, donde ingresó de urgencia y fue operado. Un mes y medio después volvió detenido a la Guardia de Infantería y luego recuperó la libertad.

Al final la declaración testimonial, los abogados de la svíctimas pidieron que se lo cite nuevamente a Córdoba, esta vez al reconocimiento de la GIR que se realizará el miércoles que viene a las 10. “Dese por notificado”, le informó el presidente del Tribunal Oral, Roberto López Arango.